EVIDENCIA CIENTÍFICA DE UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Posted by admin on abril 7th, 2012

CIENTÍFICA DE UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

La investigación en alimentación y nutrición tiene muchos campos abiertos, desde patrones de alimentación poblacionales, hábitos en la alimentación, estudios de composición y estado nutricional,seguridad alimentaría, nuevos productos alimentarios, etc…, nosotros vamos a examinar la relación entre alimentación y riesgos de enfermedades bajo el punto de vista de la evidencia.

En los últimos años, se han publicado numerosas investigaciones epidemiológicas que buscan una asociación entre enfermedades crónicas no transmisibles y diversos componentes de la dieta (Tabla 11). A pesar de ello la evidencia científica alcanzada en este campo es para relativamente pocos alimentos, no cabe duda que esto es por el grado de dificultad que tiene la alimentación para este tipo de estudios fundamentalmente observacionales que en su mayor parte presentan limitaciones relacionadas con los métodos de recogida de información, sesgos, falta de poder estadístico y/o homogeneidad de hábitos alimentarios de los individuos participantes en los estudios. A esto se añade que la relación entre alimentación y salud es un proceso donde intervienen otro tipo de factores (metabólicos, hormonales y genéticos) que aumenta el grado de complejidad.

Teniendo en cuenta estas dificultades y sirviendo de sustento la evidencia científica en nuestra práctica clínica, se ha realizado una revisión utilizando el fondo bibliográfico donde hayan utilizado un grado de evidencia y en su caso también un grado de recomendación.

Una de las primeras revisiones que se realizaron fue la de la U.S. Preventive Services Task Force en 1995 (Tabla 12) que posteriormente han actualizado en una revisión sistemática en 2002 encontrando una razonable buena evidencia en las dietas bajas en Ac. Grasos saturados y trans y altas en frutas, vegetales, fibra y pescado con unos resultados en salud buenos. Dietas altas en calcio para mujeres y bajas en sodio para personas con hipertensión o alto riesgo de desarrollarla, está también correlacionado con mejor salud (densidad ósea e hipertensión arterial respectivamente).
La OMS publicó en el 2003, una revisión donde puntualizó el grado de evidencia (Tabla 13) utilizando como criterios los que establecieron la Fundación Mundial para la investigación sobre el Cáncer: evidencia convincente (estudios epidemiológicos que presentan asociación entre exposición y enfermedad, estudios prospectivos observacionales relevantes, ensayos clínicos aleatorios), evidencia probable (asociaciones medianamente coherentes entre la exposición y la enfermedad pero donde hay defectos en el estudio o alguna estudio en contra pero con plausibilidad biológica), evidencia posible (estudios de casos-control y transversales o ensayos clínicos no randomizados) y evidencia insuficiente (el resultado está basado en pocos estudios estudios los cuáles son sugestivos, pero insuficientes establecer a una asociación la exposición y enfermedad).

Una de las fuentes más importantes para acudir a la mejor evidencia es la Colaboración Cochrane, en donde en el campo de la nutrición tiene un número importante de revisiones sistemáticas, concluyendo en algunas que hay suficientes pruebas sobre la avena integral para sugerir que los profesionales de la asistencia sanitaria pueden recomendar la avena como parte de los programas de disminución del colesterol, en otra revisión no encuentran pruebas convincentes de que los suplementos antioxidantes posean un efecto beneficioso sobre la incidencia de cánceres gastrointestinales o sobre la mortalidad global, con la posible excepción del selenio. Los antioxidantes (betacaroteno, vitamina A, vitamina C, o vitamina E) pueden incrementar la mortalidad global. Por lo tanto, no se pueden recomendar la utilización de suplementos antioxidantes como una medida preventiva. Con respecto a la grasa indican que el cambio dietético para reducir o modificar la ingesta de grasas en la dieta parece reducir la incidencia de los eventos cardiovasculares combinados. Hay una sugerencia de que la modificación de las grasas en la dieta tiene efectos protectores sobre la mortalidad total y sobre la mortalidad cardiovascular cuando la modificación dietética se continúa durante al menos dos años, sin embargo esta tendencia no es estadísticamente significativa. Refieren que los hallazgos de ingestas con bajo índice glucémico y reducción de cardiopatía coronaria y factores de riesgo de cardiopatía coronaria son débiles. Puede haber un efecto beneficioso sobre HbA1c particularmente a largo plazo. Con respecto a los omega-3 dietéticos o suplementarios concluyen que no está claro si reducen o aumentan la mortalidad total, los eventos cardiovasculares combinados, o los casos de cáncer, en las personas con riesgo alto, moderado o bajo de enfermedades cardiovasculares. Debido a que no se observaron riesgos significativamente elevados para cualquier evento (mortalidad total, casos de cáncer, accidentes cerebrovasculares), no hay necesidad de que las personas dejen de consumir pescado graso o fuentes suplementarias de ácidos grasos omega-3 si lo están haciendo actualmente. Para finalizar encuentran que las personas mayores débiles que viven en instituciones pueden presentar menos fracturas de cadera y no-vertebrales si reciben vitamina D con suplementos de calcio.

Como vemos la investigación en nutrición no es un cúmulo de certezas absolutas, pero cada vez la producción científica es más abundante y disponemos de datos contrastados, unos apuntando en la misma dirección y otros sin llegar a un acuerdo, sin embargo tenemos que tener en cuenta que aunque los beneficios sean pequeños en términos relativos, su impacto puede ser grande si se aplican a toda la población. Una reciente revisión resume por grupos de alimentos los hallazgos científicos en el momento actual (Tabla 14).

Hace más de tres décadas, se evidenció un patrón alimenticio que disminuía la morbimortalidad cardiovascular, que se ha ido confirmando hasta la fecha por diferentes estudios epidemiológicos demostrando además su papel protector sobre la mortalidad por todas las causas y sobre el cáncer, es la conocida dieta mediterránea, un modelo de alimentación saludable que combina alimentos tradicionales, de una forma equilibrada rica en carbohidratos complejos, fibras, sustancias antioxidantes (A, B1, C, E, zinc, cobre, selenio,…) y una elevada relación ácidos grasos monoinsaturados/ saturados. En términos de alimentos se trata de un elevado consumo de frutas y frutos secos, verduras, legumbres, cereales y pescado, moderado de productos lácteos, un bajo consumo de carne, un moderado consumo de alcohol y como principal fuente de grasa el aceite de oliva.

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